jueves, 27 de diciembre de 2007
MI MESA
Esta mini mesa que me compré en ikea está abarrotada, fiel reflejo de mi mente. Paquete de galletas vacío junto a una taza con restos de leche con nesquick, tapones para los oídos, paquete de cigarrillos, cenicero a juego con el paquete, dos móviles silenciosos, libretas, bolígrafos, mechero, panfleto de sauna navideña, la lámpara que me ilumina y la pantalla del ordenador donde escribo. Un billete de metro usado, del metro de Atenas. Todo un desbarajuste alejado de cualquier resquicio de feng shui. Ah, y en el lapicero, cómo no, la piruleta con forma de corazón rescatada de un vuelo de iberia. Muy representativo. (Me río). Y pienso en ti y pienso en mí. Y no sé si estás lejos de mí o yo lejos de ti. O yo lejos de mí mismo o al menos lejos del yo que podría estar acurrucado en tus brazos. Cansado de estar sentado de cara a la pared, esperando alguna proyección extravirtual que es como ahora se llamaría a los milagros. Y me repito en la cabeza que es fácil levantarse y dar un primer paso hacia donde sea. Qué más da. La cuestión es moverse. Porque moviéndose uno se siente vivo. Y sentado horas frente a la pantalla el movimiento es insensible. Casi ni me doy cuenta del movimiento frenético de mis dedos. Y tú sigues ahí. También inmóvil en mi pensamiento. Con el sopor del que está desencantado por lo poco ideal de la vida. Y rescato tus abrazos y no veo irrealidad. Todo lo contrario. Aunque los asalten millones de peros y trabas. Algún día alguien inventará cómo revivir sensaciones como si realmente estuvieran ocurriendo...¿Y qué pasará ese día? ¿Dejaremos de movernos para conocer gente? ¿Nos instalaremos en el mundo de los sueños? Mi garganta pide decir verdades. Me grito a mí mismo salta!!! Y salto para salir de mis propias oscuridades. Siendo de nuevo el dueño de mi cañón de luz. Ese que ilumina a las estrellas de cine sobre la alfombra roja y que deja en la sombra a los acompañantes. Pues ahora las estrellas se lo van a tener que currar ya no les servirá de nada tener peluqueros 24 horas. Mi visión ahora se centra en el señor con guantes blancos y traje de otra época, que sonríe mientras piensa que todo lo demás es efímero y que parece estar agusto con su vida. Desde aquí te mando un beso.
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